El factor humano se ha convertido en uno de los puntos más débiles en la seguridad de las organizaciones, siendo las amenazas de phishing y spearphishing dirigidas a los empleados uno de los mayores retos en esta era del teletrabajo. En torno a un 17% de las amenazas detectadas son ransomware.

Una de las consecuencias de la nueva normalidad es que las organizaciones son ahora más vulnerables. Por un lado, han tenido que mover su fuerza de trabajo a un entorno remoto de la noche a la mañana, lo que se traduce en la existencia de errores de configuración en la infraestructura tecnológica. Por otro, se enfrentan a un panorama con nuevas amenazas y nuevos modelos de ciberdelincuencia. Según el informe Business Threat Landscape Report 2020, todo lo anterior hace que el pronóstico para el próximo año en lo que a ciberseguridad se refiere no sea el más halagüeño.

Las vulnerabilidades no parcheadas es uno de los mayores retos de las organizaciones en lo que a seguridad se refiere. El análisis  muestra que en estos momentos un 64% de las vulnerabilidades no parcheadas en aplicaciones y sistemas operativos son anteriores a 2018, algo que garantiza a los ciberdelincuentes una gran superficie de ataque. Del mismo modo, alrededor del 60% de las empresas afirman que no han sido conscientes de la existencia de una vulnerabilidad hasta que no han sido atacadas.

El informe indica que la mayor parte de estas vulnerabilidades se encuentran en productos y servicios de Microsoft, pero también en soluciones de gestión de dispositivos o en herramientas de análisis de red que utilizan los profesionales de IT, Seguridad y desarrolladores en las organizaciones. En esta situación, la configuración e implementación de políticas de parcheo se convierte en una medida crucial.

Por otra parte, el 87% de los casos de configuraciones erróneas detectados durante este año está relacionado con el servicio WinRM, que permite a los equipos de seguridad y de IT gestionar de forma remota los endpoints y ejecutar distintos scripts en las máquinas que utilizan los empleados. Cuando este servicio está mal configurado, los ciberdelincuentes pueden llegar a comprometer de forma sencilla tanto los dispositivos como la infraestructura tecnológica de la compañía.

En este escenario tampoco hay que olvidar el peligro que suponen los dispositivos IoT. No en vano, el número de incidentes relacionados con Internet de las Cosas en los hogares ha crecido un 46%. Alrededor del 40% de los dispositivos conectados en los hogares no son los que el empleado utiliza para trabajar, sino otros como robots de cocina, aspiradoras inteligentes, purificadores de aire, monitores para el control de bebés, etc. y el ataque a uno de estos dispositivos puede poner en peligro al resto. Igualmente, los routers domésticos que no se actualizan habitualmente incrementan el riesgo no solo para los usuarios, sino también para sus empresas.

Con el aumento del teletrabajo, el factor humano se ha convertido en uno de los puntos más débiles en la seguridad de las organizaciones. Muchos no son conscientes del riesgo que conllevan algunas prácticas, tales como la reutilización de contraseñas antiguas, algo que según el informe, está presente en el 93% de los incidentes relacionados con el factor humano.

Otro de los mayores retos para las empresas en esta era del teletrabajo es tener que afrontar las amenazas de phishing y spearphishing dirigidas a sus empleados. Antes de la pandemia, lo normal era que un empleado comprobara la legitimidad de los correos electrónicos sospechosos preguntando a sus compañeros o dirigiéndose al departamento pertinente. Al trabajar desde casa esa opción se complica un poco más, por lo que muchos han dejado de hacerlo. Además, este riesgo crece a medida que se perfeccionan los mensajes maliciosos, personalizando su contenido.

El ransomware, la minería de criptomonedas, el malware sin archivos y las aplicaciones no deseadas (PUA), siguen también evolucionando. En el caso del ransomware, ahora se amenaza también a la empresa con publicar esos datos si no se satisface el rescate, lo que puede suponer cometer una infracción relacionada con la normativa de protección de datos y, como consecuencia, tener que afrontar multas por ello. El análisis  señala que durante la primera mitad de este año, en torno a un 17% de las amenazas detectadas Chile fueron ransomware. La minería de criptomonedas fluctúa entre el 28% detectado en febrero y el 11% de mayo, y las aplicaciones no deseadas se mantienen más estables, siendo la causa de alrededor del 16% de todos los ataques identificados en ese periodo.

Finalmente, la evolución de algunas tácticas utilizadas por grupos de Amenazas Persistentes Avanzadas (APT). Si hasta el momento estos grupos se centraban en dar servicio a distintos gobiernos, apoyándoles en sus actividades de ciberespionaje, todo apunta a que ahora han decidido ampliar su mercado, extendiéndolo al entorno empresarial mediante el desarrollo de APTs para empresas en la modalidad As-a-Service, algo que marca una nueva tendencia comercial.